Vida de PROS
Opinión & Estrategia - María Maceiras "May"
En el anterior artículo hablaba sobre el encanto que el concepto "jugador profesional" ejerce sobre los aficionados al póquer. Cuestionaba las motivaciones que empujan a la gran mayoría a soñar con vivir del juego y apuntaba algo sobre el estilo de vida de estos jugadores.

Soy consciente de la inmensa curiosidad que produce eso de que alguien se gane la vida jugando al póquer. Cada vez que en una reunión de amigos me presentan a alguien nuevo, mi trabajo es el primer tema de conversación: "¿Sabes a lo que se dedica María? ¡Es jugadora de póquer!".

¿Y cómo es la vida de un jugador de póquer profesional? Bueno, evidentemente hay distintos perfiles y, haciendo honor a la verdad, el mío no es el más habitual. Yo soy jugadora profesional gracias al apoyo de Everest Poker, una de las mejores salas del mundo, que confía en mi para representarles. Sin duda alguna, mi patrocinio marca un antes y un después en mi carrera y sin él no habría podido acceder a torneos tan grandes y prestigiosos como los que juego hoy en día. Así que sí, mi caso es particular. Mi perfil es diferente porque, por un lado, en ese camino largo y tortuoso que hay que atravesar hasta llegar a poder dedicarse profesionalmente a esto, yo he tenido la fortuna de encontrar a alguien que me ha guiado y ayudado y, por otro lado, porque mi trabajo no consiste únicamente en jugar y eso también afecta al estilo de vida que llevo como "jugadora profesional".

Algunos de los aspectos que mencionaré aquí sobre la vida de un jugador profesional, basándome en mi propia experiencia, no son comunes a todos. Por ejemplo, si le preguntamos a la gran mayoría de jugadores profesionales -sobre todo aquellos que se dedican casi exclusivamente al póquer online- en qué consiste su día a día, nos dirán que juegan x horas al día, todos los días, ya sea online o en vivo. Su rutina se divide en el tiempo empleado para el juego, para el estudio y para el ocio. En mi caso, similar también al de muchos otros jugadores, lo primero que resaltaría es la ausencia total de rutina. ¿Qué tipo de rutina puede tener alguien que no pasa en casa más de seis días seguidos?. Entiendo que esto suena muy bonito ("yo no llevo una vida rutinaria") y que para algunos representaría "el trabajo perfecto" pero lo cierto es que en realidad es bastante más duro de lo que pensamos inicialmente. A ver, entiéndanme, adoro mi trabajo, y hoy por hoy no lo cambiaría por nada en el mundo, pero sé que muchas de las personas que me miran con curiosidad y encanto cuando les hablo de los viajes que hago,  los torneos que juego, las fiestas a las que asisto y la gente que conozco gracias a mi trabajo, no son realmente conscientes de cómo es este estilo de vida, y creo que muchos lo rechazarían frontalmente tras experimentarlo un par de meses.

En primer lugar, la falta de rutina supone, habitualmente, un estilo de vida desordenado y muchas veces, indisciplinado. Esto es un gran problema, porque precisamente la disciplina es muy necesaria para mejorar como jugador. Hay que jugar muchas manos, muchas horas, y dedicarle también tiempo a analizar nuestro juego. Sin embargo, nuestro estilo de vida implica pasar gran parte del tiempo viajando de torneo en torneo, de evento en evento, cambiando horarios, rutinas, espacios y compañías. Pondré un ejemplo: unos días juego en mi casa, con mi sobremesa, en mi espacio, con mis dos pantallas, programas de apoyo, música y todo lo que necesito para dar el máximo, y al día siguiente juego en un portátil de 13" en algún aeropuerto (eso si dispongo de tiempo, porque en la mayoría de los viajes, entre unas cosas y otras, casi nunca llego a abrir siquiera el ordenador). Unos días juego de noche, otros por la mañana, otros por la tarde. A veces juego torneos, otras veces no tengo tiempo más que para un par de Sit&Go´s.... Un domingo puedo quedarme jugando hasta las cinco ó seis de la mañana, amaneciendo el lunes a una hora indecente, cambiando el horario por completo, y el martes hay que coger un avión a las 9 de la mañana... Es un ritmo de vida muy desordenado y caótico. Hace unos meses tuve ocasión de charlar con Annette_15 en un torneo y me decía que no recordaba la última vez que había podido jugar una sesión larga y cómoda en internet. Aunque seguro que hay muchos jugadores que llevan haciendo esto más tiempo que han conseguido "ordenar" mejor que yo sus tiempos y tareas, puedo asegurar que no es tarea fácil.

Pero también tiene sus cosas buenas. Lo bueno de la ausencia de rutina es, sin duda, la sensación de libertad que genera el no tener horarios fijos, el no tener que fichar, el no estar contando cuánto falta hasta el fin de semana, el no vernos a nosotros mismos haciendo lo mismo día tras día. Me encanta, por ejemplo, cuando me encuentro a mí misma preguntándome qué día de la semana es (algo que antes de dedicarme a esto sólo experimentaba cuando estaba de vacaciones). Personalmente, disfruto también de la sensación de no saber dónde estaré o qué tendré que hacer la semana que viene. Y una cosa muy positiva es que gracias a los viajes y torneos puedo alternar con muchos jugadores. Ese tiempo compartido con grandes jugadores es una increíble fuente de aprendizaje: discutir manos, intercambiar opiniones, ver situaciones desde otros puntos de vista... en unas horas puedo aprender más sólo charlando con compañeros, de lo que aprendería en esas 20.000 manos que tardo un par de meses en jugar.

Otro de los "problemas" de este estilo de vida nuestro es lo francamente difícil que resulta de conciliar con una vida social sana. Si nos despistamos, terminaremos alternando sólo con jugadores de póquer. Esto no es malo de por sí, pero es como si un oficinista no se relacionara con más gente que sus compañeros de trabajo... Del mismo modo, podemos encontrar problemas en el entorno familiar. Y es que la quinta vez que anulas una cita para cenar con tu pareja argumentando que había un tipo donándolo todo en las mesas y que no podías irte en ese momento, habrá follón. Normal. Entre los horarios infernales, la adrenalina, el tilt, y que a veces somos muy nuestros y no hablamos de otra cosa que no sea póquer, es comprensible que a los demás les resulte difícil convivir con nosotros... Debemos hacer un esfuerzo real por pasar más tiempo con los nuestros y tener un tiempo de ocio amplio con actividades no relacionadas con el póquer, aunque esto suponga, en casos como los que hablábamos, de jugadores que se pasan el tiempo viajando de torneo en torneo, renunciar a alguna sesión online para ver a tus amigos.

Si a todo esto le sumamos la incertidumbre de no tener un sueldo fijo, de estar expuesto a los golpes de la varianza, de la soledad que muchas veces tenemos los jugadores con nuestro entorno, vemos que esto es difícil y duro. Pero lo bueno suele serlo. Esta profesión es frenética, divertida y excitante. Como todo, tiene una contrapartida negativa, pero para mí, por ejemplo, es impagable el poder estar un día paseando por Montecarlo, otro saliendo de marcha por Las Vegas y otro tomando el sol en alguna playa del sur de España, contando las horas que faltan hasta el siguiente torneo.

© Planet Poquer Magazine

 
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