Un trío de seises que nunca olvidaré
Opinión & Estrategia - Manuel Labandeira
En esta ocasión Manuel Labandeira nos habla de una mano en la Mesa Final del Party Poker Million en la que tuvo una fortuna, y que gracias a ello logró ponerse como chip líder para llevarse poco después el torneo, recordando siempre ese momento cada vez que le llega un bad beat, enseñándonos que las manos afortunadas también existen

Manuel Labandeira

Un trío de seises que nunca olvidaré


Antonio Esfandiari
dice que se pro­metió a sí mismo que nunca hablaría de bad beats. A mi eso me parece muy bue­na idea. No hay nada más pesado que es­cuchar a la gente hablar de la mala suerte que tuvo en una mano de Póquer. Pero es algo que ocurre en todas las salas de Póquer del mundo. En cualquier torneo hay jugadores lamentándose porque un riverazo horroroso, increíble, super in­justo los acaba de eliminar. Yo prefiero re­cordar y hablar de manos donde las cosas me salieron bien.

Una mano que nunca olvidaré ocurrió en la mesa final del Party Poker Million en noviembre del 2005. Todas las sema­nas había un torneo de 200$ pero una vez al mes el torneo era de 600$. Yo lo juga­ba de vez en cuando. Ese día me levantó una llamada de teléfono unos diez minu­tos antes de que empezara. Aunque era casi la una de la tarde yo me había acos­tado tardísimo la noche anterior y estaba muy cansado.

Encendí el ordenador me puse a mi­rar y aunque estaba medio dormido de­cidí inscribirme cuando quedaban 3 minutos para que comenzara. Enseguida me arrepentí porque pensé que jugar cansado era una tontería. Unos segundos antes me hubiera podido salir del torneo. Justo cuando apreté el botón para que me devolvieran la entrada era demasiado tar­de y no me pude salir. Unas horas más tarde, llegué a la mesa final. Al primero le daban 222.000 dólares. Ya no estaba arrepentido de haberme apuntado y en vez de estar cansado estaba con una con­centración y unas ganas de jugar y ga­nar tremendas.
                           
Cuando quedábamos solo 6 jugadores ocurrió la mano que hizo posible que ga­nara el torneo y que jamás olvidaré. Yo tenía unas 35 ciegas y había 3 jugadores con más dinero que yo y 2 con menos. Un jugador de los que tenía más limpeo, el chiplider subió a 3 ciegas en el cutoff y yo en la ciega pequeña decidí hacer call con 66. La ciega grande, que también te­nia mas dinero que yo, y el limper vie­ron la apuesta. Los únicos jugadores que no estaban en la mano eran los que es­taban mas cortos de fichas.

Cuando juegas una mano de Póquer es muy importante tener un plan no so­lo de lo que vas a hacer preflop sino de lo que vas a hacer después del flop, en el turn y en el river. A veces los planes cambian pero es bueno pensar como va a transcurrir la mano de principio a fin.

Como siempre, tenía tres opciones. Una era resubir con el 66. Esta opción tiene la ventaja de que te llevas el bote e incre­mentas tu stack cuando nadie ve tu resu­bida. Si piensas que los demás jugadores se van a tirar muy a menudo es la mejor opción.

La desventaja que tiene es que si resubes y alguien te resube, te tienes que tirar de la mano sin ver el flop o jugar­te el torneo. Yo no quería jugarme el tor­neo con una pareja bajita. Otra opción era tirarme y esperarme a una mano o una situación más favorable.

La opción que escogí era ver la apuesta para ver el flop. Si la ciega grande o el limper resuben lo más probable es que me hu­biese tirado. Mi intención era tirarme de la mano a no ser que en el flop ca­yera un 6.

Pagar 3 ciegas en esta situación no me hacía mucho daño porque en caso de perder la mano seguiría en 4º posición en cuanto a fichas y tener 32 o 35 cie­gas grandes no cambia casi nada. Sin embargo si ligo el 6 tendría la posibili­dad de doblarme y mejorar muchísimo mis posibilidades de ganar el torneo. Es una situación en la que arriesgas muy poco con la posibilidad de ganar mucho.

El flop fue 678 y tenía dos cartas del mis­mo color. Mis opciones ahora eran pasar o apostar porque desde luego que no me iba a tirar. Con un flop donde hay proyectos de escalera y de color y 3 contrincantes me pa­rece que lo mejor es apostar. En el turn hay muchas cartas que te pueden causar pro­blemas. Si saliese en el turn un 5 o un 9 o el color podría ir perdiendo. Aunque un turn así no ayudase a nadie sería difícil sacarles dinero porque un board con tanto peligro les haría ser mas cautelosos.

Yo pensaba que tenia la mejor mano. Era posible que alguien tuviese 9T o una trucha de 7's o de 8's pero no lo creía muy probable. Si alguien me iba ganan­do perdería mi stack y me eliminaría pe­ro no me iba a tirar con una trucha. Decidí que apostar era mi mejor opción. Quería que no me creyeran y que me su­bieran. La ciega grande me vio, el limper se tiró y el preflop raiser se envidó. Yo le vi inmediatamente y la ciega grande se tiró.

El jugador que se envidó tenía AA y tu­ve la suerte de que en el turn y en el river no cayera un A. Fui de ser el 4 en fichas al primero porque me doblé a costa del chiplider. Mi fortuna continuo y acabé ga­nando el torneo. No me lo podía creer. Mi­raba mi cuenta y tenía 222.000 dólares más. Yo, que lo máximo que había gana­do en un torneo eran 44.000$ un año antes también en Party Poker, y que cuando era un chaval totalmente pelado soñaba con algún día tener un trabajo que pagara mil dólares al mes, ¡¡acababa de ganar 222.000 dólares en un día!!
Jamás podré olvidar ese torneo y esos seises suertudos que me hicieron ganar un bote tan grande en la mesa final. Aho­ra siempre que me dan un bad beat en cualquier partida o torneo simplemente me acuerdo de mi pareja de seises y siem­pre me pongo de buen humor. ¿Cómo me puedo quejar de un bad beat o de 100 bad beats cuando he sido tan afortunado?


© Planet Poquer Magazine


 
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