Stu Ungar "The Kid" La leyenda de un genio maldito


Stu Ungar contaba con varias cualidades imprescindibles para destacar en el Texas Hold´em: una destreza innata, una enorme capacidad de cálculo, una carencia total de miedo a la hora de tomar decisiones en la mesa y una capacidad de análisis psicológico de sus rivales fuera de lo común.


Cuando se le pregunta a Doyle Brunson por Stu Ungar, no solo encontramos palabras de elogio y cortesía. Brunson, que cuenta también con un pasado marcado por la afición desmedida a toda clase de apuestas, suele incluir entre sus comentarios, tales como “persona brillante” o “el mejor jugador ganador con el que me he cruzado”, algunos calificativos turbios que sirven para configurar la compleja personalidad de Ungar. 


Así Brunson reconoce abiertamente que debido a la adicción de Stu por el juego y su débil personalidad, nunca habría podido triunfaren cash games y solo sería en torneos donde su indudable talento podía tener una justa recompensa similar a la que le llevo a ser considerado como el mejor jugador de “gin rummy” (en España conocido como“remigio”) de todos los tiempos. 


Una de las peculiaridades que explican la vida de Stu Ungar es su atención desmedida por la acción. Ni el dinero ni los resultados parecían ser algo que preocupara especialmente a Ungar en su día a día. La acción era lo más importante; el entusiasmo en el “hacer” y no en los resultados o en las consecuencias era lo que convertía a Stu Ungar en un candidato al más trascendental de los éxitos o al más funesto de los fracasos.


Narrada en el libro One of a kind: the rise and fall of Stuey Ungary, plasmada también en forma de película (High Roller; The Stu Ungar Store), la vida de este personaje es digna de éstos y de todos los formatos posibles de producciones mediáticas dirigidas a dar a conocer su biografía. 


Stuart Errol Ungar nació en Nueva York en 1953 y ya desde muy joven se vio inmerso en el mundo del juego ya que en el propio bar que regentaban sus padres se ejercían actividades como las apuestas o las partidas de cartas. En ese contexto aprendió rápidamente a jugar al gin rummy del que se convirtió en un experto. 


Ese juego era el que estaba de moda y del que pronto tuvo que recurrir para poder mantener a su hermana y a su madre ante la prematura muerte de su padre. Ese fue el primero de los dramas personales que además dejaron muy dañada la economía familiar. Rápidamente, el joven Stu, se vio capacitado para conseguir grandes cantidades de dinero gracias a su talento en el juego. 


Pero pronto encontraría en las apuestas deportivas, las carreras de caballos, el backgamon, el Póquer y otra multitud de disciplinas como el pingpong, unas perfectas actividades para seguir saciando su sed de acción. Su futuro parecía prometedor, pero su abusivo dominio en el ginrummy (ya nadie quería compartir mesa con él) y las deudas que empezaban a aflorar por su pasión por las carreras de caballos le obligaron a abandonar la ciudad de los rascacielos, aún estando integrado en los clanes mafiosos. 


Así primero Florida y después Las Vegas fueron sus nuevos hogares. Ya en Las Vegas, su dominio del gin rummy le llevó a ser persona non grata en muchos de los casinos de la ciudad. Tampoco ayudaba a ser bien visto por la industria local el hecho de que fuera un excelente contador de cartas en el blackjack. 


Stu Ungar había conseguido ser reconocido y temido también en la Costa Oeste… un reconocimiento que le obligaría a tenerse que especializar en el juego que arrasaba en esos momentos allí: el Póquer. Con 27 años, en 1980, Stu Ungar jugó por primera vez el MainEvent de las WSOP y al llevarse la victoria consiguió mucho más que un brazalete. 


El título le acreditó de forma inmediata como jugador de Texas y desde ese momento no le faltaron nunca mecenas que no dudaban en bancarle en cualquier apuesta o partida que quisiera. Las WSOP estrenaban la década de los 80 con un nuevo campeón que supuestamente representaba un cambio generacional. 


Y es que el mano a mano final de ese torneo midió a la joven estrella emergente, Stu Ungar “The Kid”, y a la leyenda Doyle Brunson. Cuando se entregó el brazalete a Ungar muchos creían que así empezaba la vida de éxitos del que estaba llamado a ser el mejor jugador de todos los tiempos. 


El éxito de su triunfo en el Main Event de las WSOP en 1980 tuvo continuidad un año después y ya nadie dudaba que el haber conseguido también el brazalete de campeón del mundo en 1981 era síntoma inequívoco de lo oportuno de las voces que ponían a Stu Ungar en el cenit del Póquer mundial. 


Dos títulos consecutivos no podían ser fruto de la casualidad, pero lo que en principio parecía un inmejorable inicio para su carrera como jugador de Póquer se convirtió en una losa de la que nunca se pudo desprender. Stu era una celebridad y su pasión desmedida por el juego le llevaba a dilapidar grandes fortunas en multitud de apuestas y desafíos. 


Una tragedia familiar en forma de suicidio de su hijo adoptivo dejó a Stu indefenso y a merced de las drogas. Los años pasaban y Ungar no dejaba de permutar grandes momentos en las mesas de Póquer con dramáticas escenas fruto de sus múltiples adicciones. Su bankroll sufría las mismas mutaciones que su propio estado físico y de celebridad en el tapete pasó a convertirse en una atracción más de la ciudad de Las Vegas. 


El dinero que ganaba en las mesas se iba en apuestas y en droga por lo que su ciclo vital se encaminaba hacia la autodestrucción. Aún así seguía compitiendo y destacando, pero tuvieron que pasar muchos años hasta conseguir el que sería su tercer brazalete de Campeón del Mundo. Fue en 1997 cuando bancado por su amigo Billy Baxter, Stu Ungar consiguió imponerse a más de 300 jugadores en lo que sería su último intento por salir del túnel…


Un año después, sus más de 2 millones de dólares en premios en las WSOP y sus cinco brazaletes no sirvieron para evitar una trágica muerte por sobredosis en un motel de Las Vegas. En condiciones deplorables y totalmente arruinado, la vida de “The Kid” acababa de forma muy diferente a la de sus éxitos al inicio de la década de los 80. 

© Planet Poquer Magazine

 
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